Columna de opinión

Cerrar el círculo

Tres votos en una semana: cerrar la entrada, blindar al árbitro, reservarse anular el resultado.

Cerrar el círculo
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Conviene fijar la semana. Entre el martes 26 y el jueves 28 de mayo de 2026 ocurrieron en México tres votos legislativos que, leídos por separado, parecen tres noticias distintas. Leídos juntos, son un solo movimiento. Y el movimiento tiene nombre académico.

El primer voto lo emitió el Congreso de Michoacán el miércoles 27. Con 34 sufragios a favor, aprobó una reforma electoral que prohíbe a las candidaturas independientes coordinarse entre sí, asociarse o compartir colores, símbolos y mensajes que sugieran una misma plataforma ciudadana. Aplica al proceso 2026-2027. Quien encabezó la protesta fue Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan y cabeza del Movimiento del Sombrero, que describió la reforma con tres negaciones: "no es democrática, no es técnica, no es ciudadana". Y agregó la frase que vertebra el resto del cuadro: "Nos quieren quitar del camino".

El segundo voto lo emitió la Cámara de Diputados al día siguiente. Por 322 votos a favor, 132 en contra y 22 abstenciones, mayoría calificada, se aprobó aplazar la elección judicial federal de junio de 2027 a junio de 2028. Hasta ahí, una decisión de calendario defendible. El problema viene al cierre: una reserva de último momento abrió la puerta a que los magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral en funciones puedan reelegirse en 2028, es decir, prorrogarse hasta diecisiete años en el cargo. Proceso tituló la maniobra como "madruguete de la 4T"; el propio vicecoordinador morenista en Diputados, Alfonso Ramírez Cuéllar, manifestó por escrito su "rechazo absoluto" a la propuesta de su bancada.

El tercer voto, cronológicamente el primero, lo emitió el martes 26 la Comisión de Puntos Constitucionales. Por 28 votos a favor contra 9 se turnó al pleno la llamada Ley Monreal, presentada por Ricardo Monreal. La iniciativa modifica el artículo 41 constitucional para crear una nueva causal de nulidad: el Tribunal Electoral podrá invalidar una elección cuando se acredite "injerencia de gobiernos, organizaciones o personas extranjeras que influya en el resultado de manera determinante", incluyendo financiamiento externo, desinformación, manipulación digital o presión diplomática.

Sumados, los tres votos componen un ciclo cerrado. La reforma michoacana cierra la entrada de los rivales a la pista. La prórroga del Tribunal blinda al árbitro. La Ley Monreal se reserva la facultad de anular el resultado cuando no convenga. Y todo lo aplicaría el mismo Tribunal recién prorrogado.

Cerraron la entrada. Prorrogaron al árbitro. Crearon la causal para anular el resultado.

Levitsky y Way, en Competitive Authoritarianism (2010), definieron a los regímenes híbridos del siglo XXI por una característica precisa: no cancelan las elecciones, las desfondan. Las instituciones formalmente democráticas existen, pero los titulares hacen un uso tan abusivo de los recursos del Estado, los medios y la justicia que las elecciones se vuelven enormemente injustas. A esa descripción del fenómeno, la jurista Kim Lane Scheppele le sumó la del método: el legalismo autocrático. Las autocracias contemporáneas ya no llegan por golpe ni por fraude evidente, sino mediante una secuencia de actos formalmente legales, reformas, leyes, decretos, sentencias, que sumados capturan las instituciones desde dentro. El truco, escribió, es que cada paso parece pequeño y técnico; el daño solo es visible en el agregado. Nancy Bermeo lo había anticipado en 2016 como erosión democrática: la que no rompe el orden constitucional, sino que lo usa para vaciarlo.

De los tres votos, el más grave es la Ley Monreal. Las dos primeras tocan condiciones de competencia: a quién dejas competir, quién arbitra. La tercera toca el resultado: codifica la facultad de no reconocerlo. Y la causal, "injerencia extranjera", es la categoría comodín del autoritarismo competitivo contemporáneo, porque es políticamente indemostrable y judicialmente discrecional. Cualquier crítica externa, una resolución de la OEA, un comunicado del Departamento de Estado, un informe de Human Rights Watch, una columna del Financial Times, puede recodificarse como interferencia.

La galería comparada es elocuente. En Caracas, en julio de 2024, Nicolás Maduro fue declarado vencedor sin que el árbitro electoral publicara las actas, mientras la oposición publicaba el 81% de ellas con un resultado contrario; la justificación oficial fue "injerencia imperialista". En Budapest, en 2017, Viktor Orbán aprobó una ley de etiquetado de ONG con financiamiento extranjero que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró contraria al derecho comunitario en 2020. Pero el desenlace húngaro conviene fijarlo, porque es reciente: el 12 de abril de 2026, Orbán concedió la derrota tras dieciséis años, en una elección con participación récord; el partido de Péter Magyar obtuvo una supermayoría de dos tercios. La lección es de orden operativo: la captura institucional, por sofisticada que sea, no garantiza el resultado, solo lo encarece para el rival.

Hay un detalle de la iniciativa que merece atención. En sus declaraciones, Ricardo Monreal puso como ejemplo de presunta injerencia extranjera los triunfos de José Antonio Kast en Chile y de Rodrigo Paz en Bolivia, atribuyéndolos a influencia de Estados Unidos. Lo que el coordinador identifica como injerencia no son fraudes documentados ni operaciones probadas: son, en sus propios ejemplos, resultados electorales contrarios a la izquierda regional. La causal, entonces, no protege la soberanía. Codifica, en lenguaje jurídico, el rechazo al resultado adverso.

Cerraron la entrada. Prorrogaron al árbitro. Crearon la causal para anular el resultado.

No es un golpe. No es una dictadura clásica. Es algo más fino y, por fino, más difícil de impugnar en la opinión pública: una democracia que aprende a autoinmunizarse contra la posibilidad de perder. Entrada cerrada, árbitro prorrogado, causal lista. El ciclo está cerrado. Pero el caso húngaro reciente pone una pieza distinta sobre la mesa: Orbán llevaba la captura institucional más fina de Europa y aun así perdió, con una supermayoría en contra. La captura no es inocua, pero tampoco determinista. Encarece la competencia, inclina la cancha, no elimina a los corredores. Y, como dijo Grecia Quiroz, que de esto entiende porque la operación se practica con ella: "nos quieren quitar del camino".

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Steven Levitsky y Lucan A. Way, Competitive Authoritarianism (Cambridge UP, 2010). Cambridge UP · Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, How Democracies Die (Crown, 2018). Crown / Penguin Random House
  2. Kim Lane Scheppele, "Autocratic Legalism", University of Chicago Law Review 85:545, 2018. Texto · Nancy Bermeo, "On Democratic Backsliding", Journal of Democracy, 2016. Texto
  3. Reforma electoral de Michoacán (27-may) y protesta de Grecia Quiroz. Proceso · El Universal
  4. Aplazamiento de la elección judicial a 2028 y reserva de reelección del TEPJF (28-may, 322-132-22). Proceso · La Jornada
  5. Ley Monreal (causal de nulidad por injerencia extranjera; 26-may, 28-9). El Financiero · Infobae
  6. Casos comparados: Venezuela 2024 (actas), Hungría (LexNGO 2017, fallo TJUE 2020 y derrota de Orbán 12-abr-2026). Maldita.es · Al Jazeera
  7. Pieza relacionada (tema distinto, título vecino): El día que se cerró el círculo.
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