Columna de opinión

Dormir en Tijuana

Irán jugará el Mundial en Estados Unidos, pero dormirá en Tijuana. La hospitalidad condicional, leída en la frontera.

Dormir en Tijuana
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En la víspera del Mundial de 2026, una imagen condensó la geopolítica del torneo mejor que cualquier declaración oficial: la selección de Irán jugará sus partidos en Estados Unidos, pero no dormirá ahí. Dormirá en Tijuana. Cada encuentro seguirá el mismo guion, cruzar la frontera, jugar, regresar a México a pasar la noche, después de que la FIFA oficializara a la ciudad fronteriza como base de la delegación iraní, trasladando el campamento originalmente previsto en Arizona.

El motivo es conocido y grave: Estados Unidos e Irán están en guerra desde febrero de 2026. El presidente Donald Trump lo formuló sin rodeos: Irán es bienvenido a competir, pero no le parece apropiado que su selección pernocte en territorio estadounidense, "por su propia seguridad". Ante ello, según relató la presidenta Claudia Sheinbaum, Washington preguntó a México si la delegación podía dormir de este lado, y México respondió que sí. Al 8 de junio de 2026, además, el equipo aún no tenía garantizadas las visas para entrar a jugar, y había solicitado a la FIFA visados de entradas múltiples para poder cruzar y volver. La estampa, jugar de un lado, dormir del otro, no es una curiosidad logística. Es un mapa político.

El Mundial se presenta, por definición, como la fiesta de todas las naciones: la hospitalidad universal del deporte, donde la cancha iguala lo que la política divide. Pero el anfitrión de 2026 abre la puerta de su estadio y cierra la de su casa. Permite competir en su territorio, pero niega el descanso en él. Y la fórmula con que justifica esa negativa, "por su propia seguridad", merece oírse dos veces, porque ejecuta una inversión retórica precisa: convierte una exclusión en un favor. No dice "no te quiero aquí"; dice "lo hago por tu bien". El que cierra la puerta se presenta como el que protege a quien deja afuera.

Carl Schmitt ofreció en 1932 la clave para nombrar lo que ahí ocurre. Lo político, escribió, se define por una distinción elemental: la de amigo y enemigo. Esa distinción no se suspende durante los grandes rituales de concordia; se reorganiza dentro de ellos. Estados Unidos ha designado a Irán como enemigo en un conflicto armado, y al enemigo se le puede tolerar en el espectáculo, incluso exhibirlo como prueba de apertura, pero no admitirlo en la intimidad del territorio. La línea amigo-enemigo no desaparece bajo las luces del Mundial: se traza, con exactitud, sobre la frontera méxico-estadounidense.

El balón rodará en Estados Unidos. Pero Irán, cada noche, soñará en Tijuana.

Es aquí donde Jacques Derrida aporta el matiz decisivo. En La hospitalidad (1997), el filósofo distinguió entre dos formas del recibir. La hospitalidad incondicional, acoger al otro sin preguntarle su nombre, sin imponerle condiciones ni horario, es, sostuvo, un ideal casi imposible, un límite hacia el que se tiende pero al que nunca se llega. La hospitalidad real, la que efectivamente se practica, es siempre condicional: te recibo, pero bajo mis reglas, en mi umbral, hasta donde yo decida. El huésped es, a la vez, bienvenido y vigilado; el extranjero entra, pero la puerta sigue siendo del dueño.

La selección de Irán encarna esa hospitalidad condicional en su forma más nítida, y por partida doble. Para Estados Unidos, la condición es: entras a jugar, pero no a dormir. Para México, la condición es más amable pero sigue siendo condición: duermes, pero no te quedas; cruzas, juegas y regresas. En ambos lados, el extranjero es recibido con una cláusula escrita en la puerta. Es un huésped por horas, un visitante administrado, bienvenido con reloj en mano.

Y conviene mirar también el papel de México sin idealizarlo. La hospitalidad de Tijuana es real y, en el plano humano, encomiable: aloja a quien el vecino no quiere alojar. Pero es asimismo funcional. México no es parte de esta guerra y, sin embargo, su frontera se convierte en el cuarto de huéspedes de una de las partes, en el territorio neutral donde se resuelve, de noche, lo que el conflicto ajeno no admite de día. El país tapón presta una habitación a una disputa que no es la suya. La generosidad y la utilidad diplomática, en este caso, viajan juntas.

Por eso este detalle deportivo no es deportivo. Es una cartografía del poder en 2026. Indica quién es amigo y quién es enemigo; muestra cómo el anfitrión de la fiesta universal administra su universalidad con un criterio de exclusión; y revela el lugar que ocupa México en el tablero: el del vecino al que se le pide que aloje, por la noche, lo que la guerra del otro no quiere ver de día.

El balón rodará en Estados Unidos. Pero Irán, cada noche, soñará en Tijuana. Y en esa frontera entre el estadio y el dormitorio se lee, con más claridad que en cualquier comunicado, cómo está repartido el mundo en 2026.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Jacques Derrida y Anne Dufourmantelle, La hospitalidad (Calmann-Lévy, 1997 / Ediciones de la Flor, 2000); Carl Schmitt, El concepto de lo político (1932 / Alianza, 1998).
  2. Plan para que Irán juegue en EE.UU. y duerma en México (declaraciones Sheinbaum + Trump). CNN en Español
  3. Tijuana como base de la delegación iraní y pendiente de visas. La Jornada · La Jornada (Tijuana anfitrión)
  4. Solicitud de visas de entradas múltiples a la FIFA. Infobae · reclamo del embajador iraní: El Informador
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