Columna de opinión

El amparo del silencio

El día del Operativo Enjambre, cuatro detenidos pidieron lo mismo: no ser entregados a Estados Unidos.

El amparo del silencio
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El miércoles 20 de mayo, mientras los reflectores se concentraban en las detenciones del Operativo Enjambre en Morelos y en la fuga del alcalde de Cuautla, Jesús Corona Damián, cuatro de los seis detenidos promovieron de inmediato amparo. Según el boletín del Poder Judicial Federal, los expedientes son consecutivos, Principal 969, 970, 971 y 972 de 2026, y corresponden, en ese orden, a Arisbel Rubí Vázquez Amaro (consejera estatal de Morena), Horacio Zavaleta Malacara (exoficial mayor del gobierno panista de Cuautla y aspirante a la alcaldía por Morena), Jonathan Espinoza Salinas (tesorero de Cuautla) y Agustín Toledano Amaro (alcalde de Atlatlahucan). Cuatro amparos consecutivos presentados el mismo día en oficialía de partes no parecen cuatro defensas individuales: parecen una sola defensa coordinada moviéndose por los miembros de una red. La cobertura local pasó de largo: como mucho, una línea que menciona a dos de los cuatro. Casi nadie reparó en lo que pidieron.

No pidieron la libertad. La imputación por delincuencia organizada sigue intacta y la orden de aprehensión, cumplida. Lo que pidieron y obtuvieron fue una figura jurídica específica: suspensión de plano, el mecanismo del amparo reservado para impedir actos de imposible reparación, como deportación, expulsión, traslado arbitrario o desaparición forzada. El amparo no es contra la imputación. Es contra la posibilidad de que se los lleven.

La pregunta natural es: ¿llevarlos a dónde? Son mexicanos, detenidos en territorio mexicano, por delitos del fuero federal mexicano. Nadie aquí tiene competencia para deportarlos. Y, sin embargo, sus abogados pidieron justo el escudo que la ley mexicana ofrece contra un traslado al extranjero. Esa elección procesal no parece accidental: parece geopolítica.

Para entenderla, conviene mirar el otro extremo del país. El 29 de abril, tres semanas antes del operativo en Morelos, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una acusación formal en la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, y nueve funcionarios sinaloenses más, por presunta conspiración para importar fentanilo, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos. La acusación está construida en buena medida sobre las declaraciones de Ismael "Mayo" Zambada, detenido en Nueva York desde julio de 2024.

Cuatro días después, el 4 de mayo, la periodista Anabel Hernández reveló que la fiscalía estadounidense manejaría una lista de al menos diez perfiles morenistas potencialmente extraditables. Y el 16 de mayo, cuatro días antes del operativo en Morelos, dos excolaboradores cercanos de Rocha Moya, los exsecretarios de Seguridad y de Finanzas Gerardo Mérida y Enrique Díaz, se entregaron voluntariamente a las autoridades estadounidenses. No fueron capturados: cruzaron la frontera por su propio pie a negociar como testigos. A cantar.

Lo que se blinda no es a la persona ni al partido: es a lo que la persona sabe.

Ese es el cuadro: una fiscalía federal estadounidense con apetito documentado de procesar funcionarios mexicanos vinculados al Cártel de Sinaloa, una lista activa de gobernadores en la mira, una cooperación bilateral condicionada al aumento de extradiciones, y un precedente fresco: el 7 de mayo, un juzgado de distrito concedió a "El Jardinero", exoperador del CJNG, exactamente la suspensión que pidió Toledano en Morelos, no ser trasladado ni entregado a Estados Unidos mientras se resuelve el amparo de fondo. Entre febrero de 2025 y enero de 2026, México entregó a Estados Unidos noventa y dos reos en tres envíos masivos. Sobre ese fondo, la suspensión de plano deja de ser una formalidad y se vuelve una decisión específica.

Aquí entra el sociólogo italiano Diego Gambetta. En The Sicilian Mafia: The Business of Private Protection (Harvard, 1993) desmonta una idea común: la mafia no se sostiene principalmente por el miedo al castigo del Estado, sino por un contrato implícito de protección mutua entre sus miembros, anclado en el conocimiento cruzado de información destructiva. Cada integrante guarda secretos sobre los demás. Si uno cae en manos del Estado adversario, lo que la red cuida no es a la persona, es a la información. El silencio, el omertà, no es virtud cultural: es el contrato más duro de los que sostienen el sistema.

Aplicado al caso, y aquí entro en lectura, no en hecho probado: si cualquiera de los cuatro detenidos acabara en una corte federal estadounidense con la opción de negociar, la red enfrentaría justo lo que Gambetta describió. Podrían mencionar a Raúl Tadeo Nava, exalcalde de Cuautla imputado en 2023 por un caso de 9.8 millones de pesos del predial, en libertad al cierre de esta columna (junio de 2026). Podrían mencionar nombres por encima del nivel municipal. Lo que los cuatro amparos del miércoles aseguran es que esa silla del interrogatorio, en Nueva York, no se les pondrá enfrente. Y el detalle más revelador: entre los cuatro amparos figura el de un aspirante a la alcaldía de Cuautla por Morena. No es defensa de un solo bando. La protección contra la entrega a Estados Unidos es transversal a la filiación partidista, porque la información que cada uno custodia también lo es.

Lo que se blinda no es a la persona ni al partido: es a lo que la persona sabe.

La elegancia de la figura está en su precisión. La suspensión de plano no exige demostrar inocencia ni cuestionar la imputación: solo acreditar un riesgo de acto irreparable. En el contexto bilateral actual, con el Mayo cooperando y los exsecretarios de Rocha entregándose, ese riesgo es verificable. El juez que la concede no exonera de delitos; cierra la puerta del aeropuerto. Y al cerrarla, a mi juicio, protege no a quien tiene enfrente, sino a quienes podrían ser nombrados.

Hay una palabra que la calle usa antes que la academia: "no soplar". Y una italiana que Gambetta documentó como contrato: omertà. Hoy, en México, ese contrato parece firmarse por la vía del amparo de plano, con la intervención de un juez federal y la coartada formal de "proteger derechos humanos". El aparato del Estado cumpliría así una función nueva: no garantizar justicia, sino garantizar el silencio dentro de la red política que el propio Estado, en paralelo, persigue con discurso anticrimen. Queda una pregunta, y hay que formularla con todas las letras: ¿a quién le sirve, en el saldo neto, que ningún detenido del Operativo Enjambre cruce hacia el norte? La respuesta no se mide en los nombres de quienes están en prisión, sino en los que se libran de aparecer en la próxima acusación federal. Y esos nombres sabemos al menos dónde buscarlos: en la foto del jardín de Totolapan y en la lista que reveló Anabel Hernández.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Diego Gambetta, The Sicilian Mafia: The Business of Private Protection (Harvard University Press, 1993). Harvard UP
  2. Amparos del Operativo Enjambre (expedientes Principal 969-972/2026, PJF, 20-may; suspensión de plano). Quadratín Morelos
  3. Acusación de EE.UU. contra Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios (presunta, 29-abr-2026). El Financiero · CNN en Español
  4. Lista de perfiles potencialmente extraditables (atribuida a Anabel Hernández). Infobae
  5. Entrega voluntaria de Mérida y Díaz a EE.UU. (16-may). La Jornada
  6. Precedente "El Jardinero": amparo que frena la extradición (7-may). La Jornada
  7. Exigencia de EE.UU. de más extradiciones para mantener la cooperación. La Jornada · Traslado de 92 reos en tres envíos (2025-2026). Infobae
  8. Pieza hermana: Cobran por existir.
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