Columna de opinión

El color de la seguridad

La capital se pintó de morado y la repintaron de amarillo. El mito pone un color donde debería haber una pregunta.

El color de la seguridad
🎧 Escuchar la columna · 5 min
Lectura automática con voz sintética.

Durante varios días, la Ciudad de México amaneció de morado. Puentes peatonales, barandales, guarniciones y mobiliario urbano de vialidades primarias fueron teñidos de violeta, en lo que las redes bautizaron como la "ajolotización": el morado por la lucha de las mujeres, el ajolote por la capital, todo como vestido urbano rumbo al Mundial. Y casi enseguida, cuadrillas empezaron a repintar de amarillo.

La explicación oficial fue técnica. La NOM-034-SCT2/SEDATU-2022, la norma de señalización vial vigente desde septiembre de 2023, reserva el amarillo para una función precisa: advertir peligro. No es un color decorativo; es, junto con el blanco, el de mayor visibilidad y contraste en cualquier condición de luz, y por eso recubre las barreras que separan al peatón del arroyo vehicular. La Secretaría de Obras y Servicios, encabezada por Raúl Basulto, atribuyó el morado a un error de una empresa contratista que no cumplió los criterios técnicos, y sostuvo que no existe una política general para cambiar los colores de la infraestructura. Movimiento Ciudadano, por su parte, presentó una denuncia por uso indebido de facultades y mal uso de recursos públicos.

Hasta ahí, la disputa parece de estética y de gasto: pintar para despintar. Pero hay una capa debajo del color, y conviene mirarla.

Entre la infraestructura teñida de morado destaca una obra mayor: la Calzada Flotante de Tlalpan, un corredor peatonal elevado de cerca de 1.8 kilómetros que une Plaza Tlaxcoaque con Chabacano por encima de la Línea 2 del Metro, pintado de violeta como parte del programa "Camino de Mujeres Libres y Seguras". Según la ficha del propio gobierno capitalino, el contrato de la obra, por alrededor de 2 mil millones de pesos, lo tiene Grupo IDINSA; en la construcción participaron además Grupo Riobóo y Grupo Delta. La Silla Rota documentó que esa cifra representa el triple de lo originalmente planeado, con entrega fuera de tiempo.

El mito no oculta a la fuerza: distrae. Pone un color donde debería haber una pregunta.

El dato que ordena la lectura no es el sobrecosto en sí, sino una de las empresas que participaron en la obra. José María Riobóo, cabeza del grupo, es el constructor de cabecera del expresidente Andrés Manuel López Obrador desde el segundo piso del Periférico, y es, además, esposo de la ministra de la Suprema Corte Yasmín Esquivel Mossa, reelecta en la elección judicial de 2025 y en funciones hasta 2034. Es decir: una obra de 2 mil millones de pesos, el triple de lo presupuestado, en cuya construcción participó la empresa del cónyuge de una integrante en funciones de la Corte, pintada con el color de la seguridad de las mujeres.

La prudencia obliga a un deslinde, porque la diferencia entre el análisis y la difamación está justo ahí. El gobierno capitalino habla de un "error de contratista" para explicar el morado de los puentes que ahora se repintan. Se ha sugerido en el debate público que esa contratista del error sería la de Riobóo. No hay, al cierre de esta columna (junio de 2026), fuente que lo sostenga: las versiones oficiales no la nombran. Una cosa es la Calzada Flotante, morada por diseño y con el Grupo Riobóo entre sus constructoras, y otra, distinta, los puentes pintados de morado "por error" por una empresa no identificada. Unir ambos hechos sin prueba sería fabricar un eslabón, y este espacio no fabrica eslabones. Lo que sí está documentado basta para sostener la tesis: no hace falta el rumor cuando el contrato ya dice lo suficiente.

Aquí es donde Roland Barthes resulta útil. En Mitologías (1957) describió el mito moderno no como una mentira, sino como un desvío: una operación que toma algo cargado de historia y de intereses y lo presenta como natural, inocente, evidente. "El mito no niega las cosas", escribió, "su función es hablar de ellas; simplemente, las purifica, las vuelve inocentes." El mito no oculta a la fuerza: distrae. Pone un color donde debería haber una pregunta.

El morado de la Calzada Flotante enuncia una causa legítima, la seguridad de las mujeres, y, al hacerlo, recubre otra cosa: 2 mil millones de pesos, el triple de lo planeado, en una obra en cuya construcción participó una empresa ligada a una familia con asiento en la Corte. El color hace el trabajo que la cifra no podría hacer por sí sola: convierte la conversación pública en una disputa de gusto, si el violeta es bonito o estridente, si afea o embellece la ciudad, mientras la pregunta de fondo, la de quién contrató a quién y por cuánto, queda fuera de cuadro. Esa es, exactamente, la mecánica que Barthes describió: la política convertida en decoración.

Por eso resulta irónico que haya sido una norma técnica, fría, sin ideología, escrita para que un peatón no muera atropellado de noche, la que repuso la honestidad del cuadro. El amarillo no opina: advierte. Y al exigir su regreso, advirtió, sin proponérselo, que debajo del morado había algo que conviene mirar con cuidado. El color de la seguridad, al final, no era el morado. Y, bien mirado, tampoco el amarillo.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Roland Barthes, Mitologías (Seuil, 1957 / Siglo XXI, 1980). Siglo XXI
  2. NOM-034-SCT2/SEDATU-2022, señalización vial (el amarillo advierte peligro). DOF, 19-sep-2023
  3. Calzada Flotante de Tlalpan: ~2,000 mdp, el triple de lo planeado, contrato de Grupo IDINSA; en la construcción participaron también Grupo Riobóo y Grupo Delta. La Silla Rota · Infobae
  4. Repintado de amarillo y denuncia de MC. La Jornada
  5. José María Riobóo, constructor de cabecera de AMLO y esposo de la ministra Yasmín Esquivel (reelecta en 2025). Infobae (perfil)
  6. Deslinde: no hay fuente que identifique a la contratista del "error" del morado en los puentes (las versiones oficiales no la nombran; no se afirma vínculo con Riobóo).
← Volver a las columnas