El rey de ratas
El poder en turno no es una pirámide con un jefe. Es un nudo de colas: nadie manda del todo, y nadie puede zafarse sin desgarrarse.
En los museos de historia natural se guarda una rareza que perturba más que cualquier monstruo inventado: el rey de ratas. No es una rata gigante ni una reina con corona. Es un nudo. Varias ratas que, de crías y en un espacio estrecho, terminan con las colas entrelazadas por sangre seca, mugre o hielo, hasta quedar soldadas en un solo cuerpo. El ejemplar más famoso, conservado en el Mauritianum de Altenburg, Alemania, reúne treinta y dos animales atados por la cola desde 1828. Ninguna puede ya caminar por su lado. Comen juntas, se arrastran juntas y, sobre todo, se hunden juntas.
Cuesta hallar mejor figura para entender el poder en turno en México.
Solemos imaginar el poder como una pirámide: un jefe arriba, órdenes que bajan, lealtades que suben. Es una imagen tranquilizadora, porque supone una cabeza a la que pedir cuentas. El sociólogo alemán Norbert Elias pasó su vida desmontando esa comodidad. En El proceso de la civilización (1939) y La sociedad cortesana (1969) propuso pensar el poder no como pirámide sino como figuración: una red de personas atadas por cadenas de interdependencia, donde nadie controla del todo el conjunto, ni siquiera quien parece estar en la cima. El propio Luis XIV, decía Elias, estaba preso de la etiqueta que él presidía. La corte no obedecía a un hombre; se sostenía a sí misma.
El rey de ratas lleva esa idea hasta su literalidad más cruda, porque el nombre engaña: el rey de ratas no tiene rey. No hay una cabeza que mande sobre las demás. Hay un nudo sin centro, un amasijo donde cada animal está atado a los otros y ninguno puede zafarse sin desgarrarse la cola. Lo que los mueve en la misma dirección no es un proyecto compartido ni una jerarquía. Es el simple hecho de estar amarrados.
El nombre engaña: el rey de ratas no tiene rey.
Trasladémoslo. Lo que llamamos "el poder en turno" se parece menos a un partido con una doctrina que a una figuración de intereses atados por la cola. Los nudos no son ideológicos: son expedientes cruzados, contratos compartidos, ascensos que se deben, silencios que se guardan. La lealtad, ahí, no es una convicción, es una anatomía. No se permanece junto al grupo porque se crea en lo mismo, sino porque salir significa arrancarse algo, y arrastrar, de paso, a los que están atados a uno.
Y deja de ser metáfora cuando uno abre los expedientes. Tómese Segalmex: la Auditoría Superior de la Federación estimó un daño patrimonial superior a los 15 mil millones de pesos, la Fiscalía ha detenido a 27 exfuncionarios y acumula causas, y sin embargo, años después, no hay una sola sentencia firme. O la Megafarmacia del Bienestar, anunciada como el fin del desabasto: un proyecto que escaló a unos 15 mil millones de pesos para terminar surtiendo unas decenas de recetas al día y operando como bodega, con irregularidades por más de mil millones detectadas por la propia ASF. En ambos casos, miles de millones y ningún cuerpo que caiga del todo. Eso no es lentitud judicial: es la física del nudo, donde castigar a uno de verdad arriesga jalar a los demás.
El mismo movimiento, hacia arriba. En abril de 2026, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó al entonces gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, junto con otros nueve funcionarios, de presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa; él pidió licencia y la solicitud de extradición, reconoció el propio gobierno federal, no traía pruebas suficientes para actuar de inmediato. Es una acusación, no una sentencia, y por eso se dice presunto; pero el reflejo es revelador: ante la amenaza externa, el nudo no suelta, se repliega. Lo mismo se vio en Morelos tras la Operación Enjambre, donde los amparos se tramitaron casi en bloque y de forma transversal a la filiación partidista. Quien entrega a uno abre la puerta a que ese hable hacia arriba.
Y para que el nudo aguante hace falta una condición más: que las tijeras estén romas. Los contrapesos que deberían cortar una cola quedan, ellos mismos, dentro de la figuración. Una Comisión Nacional de los Derechos Humanos a la que la oposición y organismos como Mexicanos contra la Corrupción señalan por haberse alineado al poder (su titular lo niega), con apenas una de cada 127 recomendaciones cumplida del todo. Y un Poder Judicial rehecho: una Suprema Corte ahora electa en las urnas con apenas 13% de participación, señalada por su cercanía con el oficialismo, cuyos primeros fallos han ampliado el poder de la autoridad sobre el ciudadano (avaló, por ejemplo, que la unidad financiera bloquee cuentas sin orden judicial previa). El árbitro deja de ser neutral cuando comparte la cola.
Aquí conviene encender la pregunta que de verdad importa, la que separa una lectura de altura de la grilla de bando: ¿esto defiende o impone? Una red de cooperación legítima defiende a sus integrantes de un abuso externo. El rey de ratas hace lo contrario: se defiende a sí mismo del afuera, del ciudadano, del fiscal honesto, del periodista, del competidor que no está atado. Su cohesión no protege a nadie más que al nudo. Y el costo lo paga, siempre, quien quedó fuera de la cola: el que no tiene contrato que compartir ni expediente con qué amenazar.
Hay un detalle final que Elias entendería y que explica la frustración de tantos. Las figuraciones sobreviven a sus miembros. Cambian los rostros, cambia el sexenio, cambian hasta las siglas, y el nudo se vuelve a atar con colas nuevas. Porque lo que se hereda no es una ideología, es la mecánica de la interdependencia, el saber que se está más seguro adentro que afuera. Por eso el rey de ratas no se derrota cortándole una cola. Se derrota cuando el de afuera deja de necesitarlo, cuando hay reglas que se aplican sin pedirle permiso al nudo.
Mientras tanto, el espectáculo sigue. Vemos pasar al organismo arrastrándose y creemos distinguir una cabeza que decide. No la hay. Hay treinta y dos animales atados por lo único que de verdad comparten: el miedo a caer solos.
SRVO
Fuentes y referencias citadas
- Norbert Elias, El proceso de la civilización (FCE, 1987; original 1939). FCE
- Norbert Elias, La sociedad cortesana (FCE, 1982; original 1969). FCE
- Fenómeno "rey de ratas" (Rattenkönig): 32 ratas, Mauritianum de Altenburg, hallado en 1828. Rey de ratas (Wikipedia).
- Caso Segalmex: daño patrimonial estimado por la ASF en más de 15,000 mdp; FGR con 27 exfuncionarios detenidos y sin sentencias firmes; el TFJA ordenó resarcir 261.2 mdp (mayo 2026). El Financiero, Infobae.
- Megafarmacia del Bienestar: costo escalado a ~15,028 mdp; surtió alrededor de 13,000 recetas entre enero de 2024 y julio de 2025 (operación mínima, hoy opera como bodega); la ASF detectó irregularidades por más de 1,000 mdp en compras de 2023. El Imparcial, Serendipia.
- Acusación de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York contra el gobernador Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa (29 abr 2026); solicitó licencia; extradición sin acción inmediata por falta de pruebas suficientes, según el gobierno mexicano. Presunto, sin sentencia. Infobae, La Silla Rota.
- Críticas a la autonomía de la CNDH (Rosario Piedra Ibarra): oposición y Mexicanos contra la Corrupción señalan alineamiento al poder y bajo cumplimiento de recomendaciones (≈1 de 127); la titular lo rechaza. La Crónica.
- Poder Judicial: elección judicial del 1 de junio de 2025 con participación INE de 12.57%–13.32%; la nueva Suprema Corte ha sido señalada por su alineamiento con el oficialismo y por fallos que amplían el poder de la autoridad (p. ej., aval al bloqueo de cuentas sin orden judicial previa). Infobae; véase la columna La corte del pueblo ampara a un banco, de este espacio.
- Operación Enjambre (Morelos, mayo 2026): amparos transversales a la filiación partidista; véase la columna El amparo del silencio, de este espacio.