Columna de opinión

La cifra-trofeo

Los homicidios sí bajan, pero no 49 por ciento: el truco está en la ventana y en quién cuenta. Tres varas para un mismo país.

El monitor de opacidad del dashboard nacional: porcentaje de carpetas en cajones 'Otros…', 32 estados, 11 años.
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El 27 de mayo, el gabinete de seguridad federal anunció la cifra estelar del sexenio: el homicidio doloso cayó 49 por ciento, de 86.9 asesinatos diarios en septiembre de 2024 a 44.3 en mayo de 2026. La presidenta habló de "trabajo riguroso y profesional". El número recorrió portadas y noticieros con la solidez de lo redondo: casi la mitad.

Esta columna no viene a negar la baja. Viene a medirla con las tres varas que existen, porque en México los homicidios se cuentan tres veces, y las tres cuentan cosas distintas.

La primera vara es la del anuncio: el conteo diario del gabinete. Tiene una virtud (es fresca) y un defecto de origen: la ventana se elige a modo. Septiembre de 2024, el punto de partida, fue justamente el mes más violento del arranque del gobierno, inflado por la guerra interna del Cártel de Sinaloa. Mayo de 2026, el punto de llegada, es un solo mes bueno. Comparar el peor mes contra el mejor mes tiene nombre en estadística descriptiva: pico contra valle. Cualquier serie con altibajos produce porcentajes espectaculares si uno escoge bien las orillas.

La segunda vara es la del Secretariado Ejecutivo: las carpetas de investigación que abren las fiscalías estatales. Medida en años completos, que es como se mide sin trampa, dice esto: 25,463 carpetas de homicidio doloso en 2024 contra 19,987 en 2025. Una caída de 21.5 por ciento, la mayor de toda la serie vigente; el récord anterior era una caída de 7 por ciento en 2022. El ritmo de 2026 (enero a abril) profundiza la tendencia. Es una baja seria. Tampoco es 49.

La tercera vara es la única que no depende de cómo clasifica un Ministerio Público: las defunciones por homicidio del INEGI, que se construyen con certificados de defunción, registros forenses y actas del Registro Civil. Según el instituto, en el primer semestre de 2025 hubo 14,488 muertes por homicidio, una reducción de 11.1 por ciento frente al mismo periodo de 2024. Es, hay que decirlo, la baja más pronunciada desde 2014. Pero es 11.1, no 49. Y la serie histórica arrastra un dato que debería incomodar más que cualquier porcentaje: el INEGI registra en promedio 27.5 por ciento más homicidios que el Secretariado. De cada cuatro muertos que ve el forense, el papel de las fiscalías ve tres.

El lector dirá: tres varas, tres números, ¿con cuál quedarse? Con las tres, sabiendo qué mide cada una. El problema no es que existan; el problema es que el poder anuncia siempre con la vara que más le favorece y la ventana que más le conviene. A ese fenómeno el psicólogo Donald T. Campbell le puso nombre y apellido en 1976: cuanto más se utiliza un indicador cuantitativo para tomar decisiones y repartir premios políticos, mayor es la presión por corromper el indicador, y más se distorsiona el proceso que se pretendía medir. No hace falta un complot ni una orden por escrito. Basta que la permanencia de cada fiscal y cada secretario dependa del numerito mensual. Cuando la cifra se vuelve trofeo, deja de ser termómetro.

Cuando la cifra se vuelve trofeo, deja de ser termómetro.

Conviene ser justos con lo que los datos sí permiten descartar. Este espacio revisó la hipótesis más socorrida del escepticismo: que la baja se fabricó reclasificando homicidios hacia los cajones estadísticos del tipo "otros delitos contra la vida". La aritmética no la sostiene: en el año del gran descenso esos cajones apenas crecieron 402 carpetas contra 5,476 homicidios menos. El maquillaje de cajones existió, pero fue un fenómeno de 2018 a 2024, repartido entre fiscalías estatales. La baja actual no se esconde ahí.

Se esconde, si acaso, en un registro del que no se hacen conferencias: el de las personas desaparecidas. Mientras el homicidio bajaba, 2025 se convirtió en el peor año de desapariciones de toda la serie histórica, con 36,869 personas registradas con ese año de referencia, y organismos internacionales documentaron el incremento. El muerto que nunca aparece no entra en ninguna de las tres varas: ni al conteo del gabinete, ni a las carpetas, ni a los certificados del forense, porque no hay cuerpo que certificar. A ese registro dedicaremos la siguiente entrega.

Quede para hoy lo esencial, que cabe en tres líneas. La baja del homicidio es real: lo confirman las carpetas y lo confirma el forense. Su tamaño oficial es un artefacto: la mitad del 49 se explica por la ventana y la vara elegidas. Y la honestidad estadística de un gobierno no se mide en sus meses buenos, sino en qué hace con los registros que no bajan. Celebremos la mitad real. La otra mitad no es seguridad: es mercadotecnia. Y a la mercadotecnia no se le aplaude; se le audita.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Anuncio del gabinete de seguridad (27 de mayo de 2026): reducción de 49% en el promedio diario de homicidios dolosos, de 86.9 (sep-2024) a 44.3 (may-2026). Proceso · Infobae
  2. INEGI, Estadísticas de Defunciones Registradas: 14,488 defunciones por homicidio en el primer semestre de 2025, -11.1% anual, la baja más pronunciada desde 2014. El Universal · INEGI EDR
  3. Brecha histórica INEGI-SESNSP de ~27.5% en el registro de homicidios. Punto por Punto
  4. SESNSP, incidencia delictiva del fuero común (corte abril 2026): carpetas de homicidio doloso 25,463 (2024) y 19,987 (2025). Datos abiertos SESNSP
  5. RNPDNO, versión pública (corte 3 de junio de 2026): 36,869 personas registradas con año de referencia 2025, máximo de la serie. RNPDNO · contexto: Animal Político
  6. Donald T. Campbell, "Assessing the Impact of Planned Social Change" (1976); formulación conocida como Ley de Campbell. Campbell's law
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