Columna de opinión

La incertidumbre es una tecnología política

La palabra 'incertidumbre' suena a clima, pero rara vez lo es: suele ser una tecnología política, con dueño, dirección y precio. En el T-MEC, Estados Unidos no firmó la prórroga de dieciséis años y dejó una revisión anual hasta 2036; no es indecisión, es apalancamiento. La incertidumbre no espantó al capital (la IED marcó récord en 2025) pero sí frenó el empleo manufacturero y drenó el poder de compra de las remesas: el costo lo cobra un intermediario y lo paga el que va a pie. La lectura contraintuitiva: no firmar puede ser una oportunidad de diversificación, mientras el tratado siga vivo.

La incertidumbre es una tecnología política
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Cada vez que una decisión pública roza los intereses de alguien con capital, aparece la misma palabra. La usan periodistas, empresarios y economistas con la naturalidad de quien describe el clima: "hay incertidumbre". Se dijo con la reforma judicial. Se dice hoy con el T-MEC, luego de que Estados Unidos declinó firmar la prórroga del tratado y dejó, en su lugar, una revisión anual durante los próximos diez años. La palabra suena a fenómeno meteorológico, a algo que simplemente ocurre. Conviene detenerse ahí, porque la incertidumbre rara vez es un accidente del clima. Casi siempre es una tecnología política: algo diseñado, con dueño, dirección y precio, que no se padece, se opera.

El primer componente de esa tecnología es semántico, y lo describió el economista Frank Knight en 1921, en Risk, Uncertainty and Profit. Hay una diferencia entre riesgo e incertidumbre. El riesgo se puede calcular, medir y asegurar: sé qué puede pasar y con qué probabilidad. La incertidumbre, en sentido estricto, es lo que no se deja cuantificar. El truco, a mi juicio, consiste en tomar un riesgo perfectamente gestionable y rebautizarlo "incertidumbre" para volverlo un pavor inmanejable. La palabra no describe el clima: fabrica el miedo. Y el miedo, a diferencia de la niebla, se puede dirigir.

Veamos el caso que hoy la invoca. El 1 de julio de 2026, en la revisión conjunta del T-MEC, Estados Unidos no confirmó la extensión de dieciséis años que pedían México y Canadá. El tratado no murió: sigue vigente hasta 2036, pero ahora se revisa cada año. Aquí conviene leer con cuidado lo que Washington dijo y lo que no dijo. La oficina del representante comercial estadounidense habló de "deficiencias del acuerdo" y de "déficit comercial", y lo dijo de México y de Canadá por igual. En ningún momento dijo "no confío en México". Esa lectura, la del desaire personal, la agregó el comentario doméstico. El "no confío en ti" no lo pronunció el vecino: nos lo contamos nosotros.

¿Por qué dejar la puerta abierta en lugar de cerrar el trato? Aquí opera el segundo componente de la tecnología, y lo explicó Thomas Schelling en The Strategy of Conflict (1960): el poder de negociación no siempre está en cerrar, sino en la amenaza que se deja colgando. No firmar la prórroga y sustituirla por una revisión anual no es indecisión, es la jugada. Convierte cada año en una ventana de presión de bajo costo, en la que México negocia diez veces desde la súplica en vez de una desde la paridad. Pierre Bourdieu lo dijo para el mundo del trabajo, en Contrafuegos (1998), pero aplica igual entre países: mantener al otro en la precariedad es una forma moderna de dominación. La incertidumbre, bien operada, no es el subproducto de la negociación. Es el producto.

El costo de esta tecnología lo cobra un intermediario financiero y lo paga el que va a pie.

Falta la pregunta que casi nadie hace: si es una tecnología, ¿quién paga su operación? Los datos ofrecen una respuesta que el discurso fácil preferiría esquivar. La incertidumbre no espantó al capital: la inversión extranjera directa cerró 2025 en un récord histórico de 40,871 millones de dólares, según la Secretaría de Economía, su quinto año consecutivo al alza. Lo que se frenó no fue el dinero, fue el empleo: el personal ocupado en la industria manufacturera de exportación acumula, de acuerdo con el Inegi, más de dos años de caídas. Y el consumidor paga por una vía que el discurso de los mercados nunca nombra: el llamado súper peso, celebrado como voto de confianza, le restó cerca de una quinta parte de su poder de compra a las remesas que sostienen a los hogares más pobres. El costo de esta tecnología lo cobra un intermediario financiero y lo paga el que va a pie.

Con todo, hay una lectura que el pesimismo automático se pierde, y la ofrezco como opinión, no como certeza. La misma tecnología que a unos les cuesta, a otros les rinde. No firmar la prórroga de dieciséis años puede ser una oportunidad de mercado todavía no explotada. Una renovación cerrada por dieciséis años es una sola opción ejercida de golpe. Diez revisiones anuales son, en cambio, una tira de opciones: diez oportunidades de corregir, de extraer concesiones y, sobre todo, de diversificar un portafolio exportador que hoy depende en exceso de un solo cliente. La incertidumbre no destruye valor de manera uniforme: lo redistribuye hacia quien la sabe leer y cubrir. Quien vende certeza en un mundo incierto, con coberturas, cumplimiento normativo o consultoría de relocalización, opera la máquina a su favor; quien solo la sufre, la paga.

La honestidad obliga a poner la condición. Esta lectura de la oportunidad vale mientras el tratado siga vivo. Si la siguiente ronda de negociación descarrila hacia aranceles o hacia el retiro, la revisión anual deja de ser opcionalidad y se vuelve extorsión anualizada, con costo real en el producto interno bruto, y llamarla oportunidad sería una frivolidad. El futuro de esa frase depende de una mesa de negociación, no de un deseo.

Queda, entonces, desarmar la palabra. La incertidumbre no es un accidente meteorológico que le cae encima a los países mientras duermen. Es una herramienta que alguien diseñó, opera y cobra, en un punto preciso del tablero. La próxima vez que un vocero la pronuncie con cara de fatalidad, la pregunta correcta no es si hay incertidumbre. La pregunta es de quién es la tecnología, hacia dónde apunta y quién termina pagando su operación.

Segunda cara de este análisis en la columna hermana: «La casa de la certeza vive en la incertidumbre».

Pieza hermana del díptico: La casa de la certeza vive en la incertidumbre. Ver el expediente →

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Frank Knight, Risk, Uncertainty and Profit (Houghton Mifflin, 1921).
  2. Thomas C. Schelling, The Strategy of Conflict (Harvard University Press, 1960).
  3. Pierre Bourdieu, Contrafuegos (Anagrama, 1999; ed. original Contre-feux, 1998).
  4. USTR, declaración sobre la revisión conjunta del T-MEC (julio de 2026): https://ustr.gov/about/policy-offices/press-office/press-releases/2026/july/ambassador-greer-issues-statement-usmca-joint-review
  5. Secretaría de Economía, "México alcanza cifra histórica de Inversión Extranjera Directa en 2025: 40,871 millones de dólares": https://www.gob.mx/se/prensa/mexico-alcanza-cifra-historica-de-inversion-extranjera-directa-en-2025-40-871-millones-de-dolares-crecio-un-10-8-anual
  6. Inegi, vía Milenio, "Exportadoras IMMEX arrancan 2026 con menos empleo": https://www.milenio.com/negocios/exportadoras-immex-arrancan-2026-actividad-inegi
  7. Puente Libre, "Drenan súper peso e inflación las remesas; le quitan poder de compra": https://puentelibre.mx/economia/drenan-super-peso-inflacion-remesas-quitan-poder-compra-mayo-2026/
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