Columna de opinión

La nube tiene sed

La 'nube' de la inteligencia artificial aterriza en Querétaro, sexto estado con mayor estrés hídrico: al menos 30 centros de datos, 12,000 mdd de las big tech y 900 MW solo de CloudHQ. El 'enfriamiento sin agua' es contabilidad, no hidrología: el 71% de la huella hídrica está en la generación eléctrica. El costo lo paga el vecino.

La nube tiene sed
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El lenguaje con que hablamos de la inteligencia artificial está diseñado para que no veamos lo que pesa. Decimos "la nube", "lo virtual", "lo inmaterial", como si las respuestas de un chatbot brotaran del aire. La realidad es de concreto, cobre y agua: cada consulta viaja a una bodega repleta de servidores que trabajan a temperatura de horno y que, para no fundirse, exigen dos insumos en cantidades colosales: electricidad y agua. En México, esa infraestructura aterrizó con preferencia en un sitio que debería haber encendido todas las alarmas: Querétaro, el sexto estado con mayor estrés hídrico del país.

Las cifras dan el tamaño del fenómeno. Querétaro concentra ya al menos treinta centros de datos y se ha convertido en el corazón nacional de la industria. Desde 2022 ha captado unos 12 mil millones de dólares de Microsoft, Google y Amazon. A ese flujo se sumó el anuncio, hecho por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, de la inversión de CloudHQ: 4 mil 800 millones de dólares para seis centros de datos dedicados a inteligencia artificial, con una demanda de 900 megawatts. La magnitud se entiende mejor por comparación: esos 900 megawatts equivalen a cerca del 5 por ciento de toda la capacidad eléctrica nueva que México planea incorporar de aquí a 2030. Seis edificios reclamando la veinteava parte de la electricidad futura de una nación entera.

Frente a la objeción ambiental, la industria ofrece una respuesta tranquilizadora: los nuevos centros serían "sostenibles" y usarían enfriamiento "sin agua". Aquí conviene detenerse, porque es el punto donde el relato se separa de la física. El enfriamiento "sin agua" elimina, en efecto, el consumo directo en las torres que refrigeran los servidores. Pero ese método incrementa el consumo eléctrico, y la electricidad se produce, en buena parte, quemando combustibles en plantas que requieren enormes volúmenes de agua para operar. Los estudios técnicos lo cuantifican sin ambigüedad: alrededor del 71 por ciento de la huella hídrica de un centro de datos no está en el enfriador, sino en la generación de la energía que lo alimenta. Una termoeléctrica de carbón consume cerca de 19 mil galones de agua por megavatio-hora; una de gas, unos 2 mil 800. El "sin agua", por tanto, no suprime el agua: la traslada del patio del centro de datos al de la planta eléctrica, fuera de la vista del vecino. Es un prodigio de contabilidad, no de hidrología.

'Sin agua' no es sin agua: es la misma agua, cambiada de lugar.

La pregunta decisiva es quién paga la factura, y la respuesta es incómoda: la paga el de al lado. En Querétaro se acumulan reportes de cortes de agua y apagones que las comunidades asocian a la llegada de estos complejos, y a ello se suma un agravio de procedimiento: con frecuencia los vecinos no son informados ni consultados antes de que se instale junto a ellos una infraestructura que competirá por el agua y la energía que ya escasean. No hay, ni en México ni en Estados Unidos, una regulación robusta que obligue a las empresas a transparentar cuánto consumen. El resultado es una asimetría nítida: la decisión se toma en una sala de juntas corporativa y sus consecuencias se viven en una llave seca y un foco apagado a kilómetros de distancia.

La investigadora Kate Crawford ofreció en 2021, en Atlas of AI, la corrección conceptual que esta historia necesita. No existe, sostiene, nada verdaderamente "artificial" ni "en la nube" en la inteligencia artificial: es una industria extractiva, hecha de minerales, agua, energía, trabajo humano y territorio. La metáfora etérea cumple una función ideológica, esconder la base material para que el costo no se discuta. Detrás de cada interacción fluida con un modelo de lenguaje hay una huella física concreta, y el patrón de esta industria es depositar esa huella en el patio de los más débiles, no en el de los más visibles.

A mi juicio, y lo señalo expresamente como opinión, lo que se presenta como modernización es, en su estructura, una imposición. El beneficio, los servicios de IA, el prestigio de atraer capital, la promesa de empleo, es global y se concentra en las corporaciones; el costo, el agua y la electricidad detraídas de una región en crisis, es local y recae sobre quienes no firmaron el contrato ni fueron escuchados. La narrativa de la inmaterialidad cumple aquí el mismo oficio que cumple el espectáculo en otros terrenos: lograr que celebremos la fiesta sin mirar la cuenta.

Nada de esto equivale a un rechazo de la tecnología ni de la inversión, que pueden ser legítimas y necesarias. Es, apenas, una exigencia de leer el recibo completo: cuánta agua, cuánta energía, a costa de quién, con qué transparencia y bajo qué reglas. Mientras esa contabilidad siga oculta tras la palabra "nube", conviene recordar que la nube no flota sobre nosotros. Tiene una dirección postal, está en Querétaro, y tiene sed.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Querétaro: ≥30 centros de datos y 6º estado con mayor estrés hídrico; la industria nacional rumbo a 1,500 MW hacia 2030. N+ · A Tiempo
  2. Inversión: 12,000 mdd de Microsoft, Google y Amazon desde 2022; CloudHQ 4,800 mdd (88,200 mdp), 6 centros de IA, 900 MW ≈ 5% de la capacidad eléctrica nueva al 2030. N+ · DPL News
  3. El enfriamiento "sin agua" solo cubre el uso directo; ~71% de la huella hídrica está en la generación eléctrica (carbón ~19,185 gal/MWh; gas ~2,800 gal/MWh); un hiperescala puede usar hasta 5 millones de galones de agua al día. IEEE Spectrum · EESI · Food & Water Watch
  4. Cortes de agua y apagones atribuidos por las comunidades a los centros; falta de información previa y de regulación que obligue a transparentar el consumo. Remedia.bio · Diario MX
  5. Inversionistas presionan a Amazon, Microsoft y Google a transparentar su consumo de agua y energía. Forbes México (vía Agua.org.mx)
  6. Kate Crawford, Atlas of AI: Power, Politics, and the Planetary Costs of Artificial Intelligence (Yale University Press, 2021; ed. español Atlas de la inteligencia artificial, Fondo de Cultura Económica, 2022, ISBN 978-607-16-7109-6).
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