Columna de opinión

Los 10,000 pasos que te vendieron

Los 10,000 pasos no son una meta médica, son un eslogan publicitario de 1965: el podómetro japonés 'manpo-kei' de Yamasa, cuyo número se eligió por redondo y vendible, no por un estudio. La ciencia reciente muestra que el beneficio se estabiliza mucho antes (Harvard; I-Min Lee, 2019). Hoy ese eslogan vive en tu smartwatch. Con la Ley de Goodhart y el 'healthism' de Robert Crawford: cuando la medida se vuelve la meta, deja de medir tu salud y mide tu obediencia.

Los 10,000 pasos que te vendieron
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Cada noche, millones de personas revisan su muñeca antes de dormir para comprobar si llegaron a los 10,000 pasos. Si el número se cumplió, viene una recompensa: una vibración, un círculo que se cierra, una felicitación. Si no, una culpa difusa. El ritual se siente como ciencia, como higiene, como deber. Pero el número que lo ordena no nació en un laboratorio. Nació en una campaña de publicidad.

El origen está documentado y es casi cómico. En 1965, en el Japón eufórico que acababa de organizar los Juegos Olímpicos de Tokio, la empresa Yamasa lanzó uno de los primeros podómetros de bolsillo. Para venderlo lo bautizó "manpo-kei", que se traduce como "medidor de 10,000 pasos". La cifra no salía de una investigación: "manpo" es en japonés un número redondo, fácil de recordar y de pronunciar, ideal para un eslogan. El médico asociado al aparato, Yoshiro Hatano, estimó que el japonés promedio caminaba entre 3,500 y 5,000 pasos diarios y que duplicar esa cifra ayudaría a quemar calorías. Fue un cálculo comercial razonable, no una constante biológica.

Seis décadas después, ese eslogan recorre el mundo con el prestigio de un hallazgo científico. Vive en tu Apple Watch y en tu Fitbit, la marca que Google compró en 2021. Un número inventado para mover un producto se convirtió en la meta de salud más internalizada del planeta.

Lo interesante es que la ciencia contemporánea matiza el mito. Las revisiones recientes coinciden en que los beneficios de caminar aparecen mucho antes de los 10,000 pasos: hay ganancias claras desde los 4,000, y la reducción del riesgo de mortalidad tiende a estabilizarse alrededor de los 7,500. No es que 10,000 pasos hagan daño; es que los últimos tramos, los que más culpa producen cuando faltan, aportan cada vez menos. La cifra redonda quedó, pero el sustento que se le atribuye nunca estuvo.

Tu reloj no cuenta tu salud, cuenta qué tan bien obedeces un anuncio de 1965.

Para leer lo que ocurrió conviene un concepto preciso, la Ley de Goodhart, formulada por el economista Charles Goodhart y resumida por la antropóloga Marilyn Strathern: "cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser una buena medida". Es exactamente lo que les pasó a los 10,000 pasos. Mientras fueron una referencia aproximada, servían. En el momento en que se volvieron la meta, el foco se desplazó de la salud al número. Lo que se optimiza ya no es el bienestar, sino el marcador, y de paso el mercado que lo cuenta: podómetros ayer, relojes inteligentes y suscripciones hoy.

Hay una segunda capa, más de fondo. El sociólogo Robert Crawford llamó "healthism" a la ideología que convierte la salud en un deber moral individual y en un mercado. Bajo esa lógica, cuidarse deja de ser una decisión privada y se vuelve una tarea con calificación diaria, con premios y castigos incorporados al dispositivo. La salud se gamifica y la culpa se vuelve un motor de consumo. No es casual que cada meta venga acompañada de algo que comprar: el aparato que mide, la suscripción que analiza, el siguiente modelo que mide mejor.

El caso de los 10,000 pasos no es una anécdota curiosa, es un patrón. Es la misma operación que Edward Bernays, el padre de las relaciones públicas, describió hace un siglo: fabricar una necesidad y presentarla como propia, como natural, como saludable. Bernays convirtió el tocino con huevos en "el desayuno americano" por encargo de la industria. La diferencia con hoy es que ya no hace falta el anuncio. El mensaje viaja en tu muñeca, con tu pulso, y te felicita por obedecerlo.

Nada de esto es un argumento contra caminar. Caminar es, probablemente, la intervención de salud más barata y eficaz que existe, y conviene hacerlo más, no menos. El punto es otro, y es de higiene mental antes que física: desconfiar del número redondo que llega con vibración y estrellita. Detrás de casi toda cifra que se presenta como una orden objetiva suele haber alguien que gana con que la persigas. La pregunta útil no es "¿llegué a los 10,000?", sino "¿quién eligió ese número, y qué vende?".

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Harvard Health: "10,000 steps a day — or fewer?"
  2. Popular Science: "No, you don't need 10,000 steps a day"
  3. I-Min Lee et al., JAMA Internal Medicine (2019): la mortalidad se estabiliza cerca de 7,500 pasos.
  4. Charles Goodhart (Ley de Goodhart); Marilyn Strathern (formulación, 1997).
  5. Robert Crawford, "Healthism and the Medicalization of Everyday Life", International Journal of Health Services, 1980.
  6. Edward Bernays, Propaganda, 1928.
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