Columna de opinión

México 86: profesionalizamos la fiesta, no la casa

Nueve meses después del terremoto del 85, el país inauguró un Mundial. Aprendimos a profesionalizar el espectáculo; la casa, la institución y la rendición de cuentas, sigue pendiente.

Un televisor de latón antiguo cuya pantalla muestra un estadio iluminado, apoyado sobre un suelo agrietado.
🎧 Escuchar la columna · 6 min
Lectura automática con voz sintética.

En septiembre de 1985, un terremoto dejó a la Ciudad de México en ruinas. Los recuentos más citados hablan de más de diez mil muertos y de unos dos mil millones de dólares en daños; el registro oficial fue menor y las estimaciones independientes lo multiplican. El sismo dejó también algo difícil de cuantificar: un Estado que no alcanzó a rescatar a su propia gente. Fueron los vecinos y las brigadas improvisadas quienes sacaron cuerpos de los escombros mientras la maquinaria oficial titubeaba. Nueve meses después, el mismo país inauguraba la Copa del Mundo.

México 86 fue, sin discusión, un parteaguas. Convirtió a México en el primer país en organizar dos Copas del Mundo, llevó la "ola" de las tribunas mexicanas al planeta entero y consagró a Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca. La selección mexicana firmó su mejor cara: llegó a cuartos de final, el célebre "quinto partido", y cayó apenas en penales ante Alemania Federal en Monterrey. Para una generación, esa fiesta fue verdad sin doble fondo, y despreciarla sería injusto.

La pregunta, sin embargo, es otra: ¿qué profesionalizó realmente aquel Mundial? Porque hay dos cosas que el recuerdo tiende a fundir en una. Una es la fiesta. La otra es la casa donde se hace.

El filósofo francés Guy Debord lo formuló en 1967, en La sociedad del espectáculo: en las sociedades modernas, la representación tiende a sustituir y a ocultar lo vivido. El espectáculo no resuelve la crisis, la recubre con una imagen luminosa. Bajo esa luz, el estadio repleto opera como la imagen que reemplaza al edificio caído. La fiesta del 86 no borró la ruina del 85, pero le dio al país, y al régimen que había fallado en el rescate, un rostro nuevo que mostrar al mundo.

Esa fiesta tuvo un operador con nombre y con doble función. Guillermo Cañedo era, al mismo tiempo, cofundador de Televisa y vicepresidente de la FIFA, mano derecha de João Havelange. Cuando el terremoto puso en duda la sede y la FIFA evaluó posponer el torneo o llevárselo a Europa, el argumento que pesó no fue la solidaridad sino los contratos ya firmados. El sorteo, símbolo de esa continuidad, se celebró en diciembre de 1985 en los estudios de Televisa San Ángel. La misma empresa que vendía el Mundial lo transmitía. Y no era improvisación: México 70, también con Televisa en la cabina, había sido el primer Mundial transmitido a color y vía satélite al mundo; el 86 llevó aquel ensayo a escala industrial, con patrocinios globales y una audiencia planetaria. Ahí, a mi juicio, está el verdadero parteaguas del 86: el momento en que el futbol mexicano dejó de ser deporte para consolidarse como producto televisivo global.

Lo que el espectáculo profesionalizó fue la imagen. La institución siguió igual, y la prueba llegó dos años después. En 1988, en plena eliminatoria juvenil, se descubrió que la Federación Mexicana había alineado futbolistas con las actas de nacimiento alteradas: a uno se le habían restado cinco años. Fue el escándalo de los cachirules. La FIFA respondió con un castigo ejemplar: dos años de veto a todas las selecciones mexicanas, sanción de por vida a los directivos responsables y, como consecuencia más sonora, México quedó fuera del Mundial de Italia 90.

Conviene detenerse en ese dato, porque desmiente la leyenda dorada. La última vez que México faltó a una Copa del Mundo no fue por perder en la cancha: fue por hacer trampa. Desde Estados Unidos 1994, la selección ha calificado a ocho mundiales consecutivos. La única ausencia de la era moderna nos la impusimos nosotros mismos, con un fraude. El 86 nos enseñó a montar una fiesta de primer mundo; no nos enseñó a llevar la casa con honradez.

Cuarenta años después, la coincidencia se cierra sola. A pocos días del arranque del Mundial 2026, con México otra vez como sede, Netflix estrenó México 86, dirigida por Gabriel Ripstein y protagonizada por Diego Luna. Su personaje, Martín de la Torre, es ficticio, pero está inspirado en un directivo real de aquella federación, y la trama no esconde el lado oscuro: muestra cómo el escándalo de los cachirules termina costándole la posición y lo convierte en el villano de la historia.

El villano es de carne. La máquina es de teflón.

Y aquí hay que afinar la lectura. El problema no es que la película oculte la trampa, porque no la oculta. El problema es más sutil. Al concentrar la culpa en un solo hombre, en un villano que el espectador disfruta odiar, la película individualiza una corrupción que era estructural. Cuando toda la responsabilidad recae sobre una persona, la máquina que la produjo sale limpia: la misma cadena, la misma FIFA, el mismo modelo de futbol como mercancía que el propio 86 inauguró y que hoy vuelve a montar una fiesta sobre el país.

No se trata de aguarle la fiesta a nadie. La gloria del 86 fue real, y la película puede ser muy buena precisamente porque no le saca la vuelta a la vergüenza del 88. Se trata de no confundir el estadio lleno con el país resuelto. En 1986 aprendimos a profesionalizar el espectáculo. La casa donde se juega, es decir, la institución y la rendición de cuentas, sigue pendiente. Y mientras celebremos la fiesta sin mirar la casa, el espectáculo cumplirá su único oficio: lograr que no veamos lo que tapa.

SRVO

Fuentes y referencias citadas

  1. Guy Debord, La société du spectacle, Buchet-Chastel, 1967 (ed. español: La sociedad del espectáculo, Pre-Textos, 2002, ISBN 978-84-8191-461-0).
  2. Vice — El terremoto que cimbró a la FIFA y que pudo llevar a Alemania el Mundial de México 86
  3. Sin Embargo — Cuando México salvó a la FIFA: el accidentado origen del Mundial de 1986
  4. Wikipedia — Renuncia de Colombia a la Copa Mundial de Fútbol de 1986
  5. Infobae — Quién fue Guillermo Cañedo, el empresario cuyo nombre lleva el Estadio Azteca
  6. Infobae — México 70: la historia del primer Mundial transmitido a color y vía satélite
  7. Sports Illustrated México — La noche triste de Monterrey: México vs. Alemania 1986
  8. Wikipedia — Los cachirules
  9. Infobae — Qué fue el "Cachirulazo", el escándalo que dejó a México sin Mundial
  10. Wikipedia — México en la Copa Mundial de Fútbol
  11. Infobae — Qué es real y qué es ficción en la película "México 86"
← Volver a las columnas